Después de sucesivas campañas emprendidas por Gran Bretaña entre 1793 y 1798 que le habían servido para lograr algunas victorias importantes como la toma de diferentes islas francesas y la española Trinidad, pero que a su vez había sufrido serios reveses en Saint Domingue y Puerto Rico, en 1799 se planteó un ataque a gran escala sobre La Habana que le permitiese el control de la isla de Cuba.
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